Mientras me bañaba, hoy en la mañana, sentí que algo extraño de mí se apoderaba; las gotas se deslizaban por las curvas de mi cuerpo, golpeando mi rostro, mojando mí pelo.
Me senté en el suelo, pocas veces suelo hacerlo, y fui poco a poco cediendo nuevamente ante mi deseo secreto de pensar en ti, por un momento… Seguido de esto, sentí un miedo inmenso, de jamás volver a recordarte.
No conozco la causa de esta extraña reacción, tal vez fue el resultado de la actitud que decidí asumir para hacer más fácil mi proceso de olvido… Ya no me aferro a viejos recuerdos, a melodías escuchadas en repetidas ocasiones, a los acontecimientos, a los sentimientos, ya no te sueño.
La magia, del sueño desapareció, la esperanza se disperso, el amor se esfumo y nuestro último encuentro prolongado, ya no quiero llevarlo a cabo. Tal vez para mí el ciclo se está cerrando,
Los recuerdos se están olvidando, y tu rostro se va perdiendo en medio de extraños.
Me invadió la nostalgia, al sentir hoy mientras te recordé, que te estoy dejando ir, y que comprendí de una vez por todas sin obligarme a entenderlo y sin pensar en las cosas malas que entre los dos existieron que perteneces a mi pasado.
Ya no me tocas, ya no me afliges, ya no te recuerdo con dolor inmenso; al cerrar mis ojos esta mañana, entendí que fueron suficientes las lágrimas derramadas y la tristeza que permití que sin piedad que de mí se apoderara; mientras fugazmente los recuerdos llenaban mi cabeza; comprendí que el final de lo nuestro resulto igual que el comienzo: sorpresivo, inmediato y decisivo.
Y que todo sucedió porque así lo quiso el destino porque tú y yo lo permitimos.
“Ahora lo único que odio, es que personas mal intencionadas, quieran enterarme de que la nueva chica que frecuentas comparte mi color de cabello, solo eso pues ya me acostumbre en casa a escuchar todos los días tu nombre…”
lunes, 15 de junio de 2009
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